viernes, 5 de septiembre de 2008

El Poder del Subconsciente - Parte 3

Fíjate acá en cómo mediante ritual y ceremonia se conversa con el subconsciente:

"RITUAL Y CEREMONIA
Radha Burnier
Todos los ritos y ceremonias que tienen significado espiritual, distinto a las ceremonias mundanas de las personas reales o importantes, etc...tienen por objeto penetrar el gran misterio subyacente en la vida. Los participantes son aquellos que desean seguir el camino que conduce al descubrimiento del misterio.

El trabajo ceremonial, está ayudado por la belleza de los colores, del sonido, del olor y del movimiento. Todas estas cosas tienen un impacto en la conciencia.

Pero la eficacia del ceremonial no consiste en perderse en el estallido de los colores y del sonido. Esto no es un fin en sí, ni la ocasión de una determinada forma de placer.

Todo esto forma parte del medio de descubrir el misterio al final del sendero.

El sendero tiene dos aspectos : la ayuda vi-a-vis de uno mismo y la ayuda vis-a-vis de los demás - ninguno puede existir sin el otro.

Ayudarse a sí mismo, implica cambiar, y purificarse, y la purificación de sí mismo ayuda a la purificación del todo, porque cada gota purificada en el océano conduce a la purificación final de todo el océano.

En el servicio hacia los demás, hay el cambio y la renovación de sí mismo a condición de que el servicio sea desinteresado . Los dos aspectos del sendero tienen necesidad de materializarse en el trabajo ceremonial, cuya fuerza debe irradiar hacia el exterior así como purificar al oficiante.

El ceremonial tiene poco valor a menos que esté conducido por el espíritu de seguir el sendero, como un sacramento compuesto de palabras, de actos, de sentimiento y de pensamiento consagrados .

Entonces la ceremonia reviste un poder que ninguna intencionalidad mecánica puede evocar.

El sacramento es la ausencia del yo; el sacrificio es la ausencia del yo en el sentido de lo sagrado.

Sin semejante sacrifico interior, la ceremonia se convierte en una actividad profana más.

En la Edad Media, el alquimista mezclaba y fundía los elementos, después el calor del fuego producía un elemento totalmente nuevo, De manera parecida, en el curso de una verdadera ceremonia, son utilizados varios elementos : pensamiento, acción, palabras, emociones, música, incienso, colores, y símbolos.

Cada participante hace entrega de sí mismo y todo eso se completa por la presencia y las fuerzas invisibles.

Si todos los elementos están bien mezclados por el fuego de la purificación, emergerá un nuevo elemento del crisol del ritual, que traspasa toda descripción, una influencia que llena el corazón del oficiante y es una bendición para todos.

El ceremonial, es una forma particular de servicio, que puede hacer creer a aquellos que se encargan de ello, que forman un grupo especial .

Pero ninguna forma de servicio confiere un estatuto especial o un privilegio a nadie.

Otros siguen el sendero de maneras diferentes, y el que trabaja por las ceremonias puede ser activo también en otras líneas.

En definitiva, el sendero exige que todos los apoyos exteriores se abandonen : ceremonias, libros, maestros, etc...porque cada uno debe progresar solo.

Por consiguiente, incluso comprometido en el ceremonial, hay que renunciar al apego al ceremonial.

Semejante apego es un impedimento en el sendero, conocido en la doctrina buddhista como Sitta- Cata-Paramasa.

Aunque el ceremonial, tiene que celebrarse de todo corazón y consagrando todo su pensamiento, si se propone hacerlo, no depende de ello ninguna vida o progreso .

El desapego interno es fácil, si la ceremonia se celebra como un acto consagrado cuya finalidad es el servicio.

Una obra de arte, no es la suma total de diferentes pigmentos. La belleza emerge del mensaje que irradia la pintura.

Parecidamente, el trabajo ceremonial no es la suma total de sus partes. Trasmite un mensaje relativo al misterio subyacente en el universo; un misterio que, en realidad, no es un secreto porque ha sido proclamado a través de las edades. Pero permanece secreto para aquellos que no comprenden, que no ven la luz interior que brilla sobre el hecho de que toda vida es Una.

Nadie puede conocer este secreto por los símbolos o por las palabras, sino más bien por el sacrificio y el servicio.

Se puede observar con gozo la gran belleza de la creación, como lo hacía el joven señor Budhha, pero no se puede evitar ser consciente al mismo tiempo del sufrimiento subyacente.

Toda la vida es dependiente de otras vidas; las de las plantas, los insectos, los pájaros, los animales y los hombres que sirven de botín la unas a las otras.

Pero el hombre que se coloca por encima de la gran ley de sacrificio y lo utiliza todo para conseguir su propia meta, se aferra a la naturaleza en sí, su alimento y su origen. Sin embargo, el sacrificio no es dolor y pérdida.

Cuando uno ve el Uno, en el que todo existe, ¿ qué sacrificará y a quién ?...Todo forma parte de un todo, y el sacrificio se convierte en gozo, el misterio ha sido desvelado y el secreto realizado.

Para llegar a eso, las palabras no tienen que ser más que simples fórmulas.

Los símbolos dejan de ser símbolos, si están faltos de contenido interno, de fuerza que debe ser como una flecha que va derecha al corazón. El ceremonial debería abrir el corazón a las verdades.
Sólo si es así, y si no se trata únicamente de un ejercicio colectivo, es cuando el ceremonial tiene valor.

Cuando aquellos que celebran un ritual son atraídos por el lado externo, si están preocupados por las formas en las que no hay vida, eso es superstición.

Sólo una cualidad trascendente, el poder de las verdades realizadas y compartidas que anima la forma del ceremonial, puede evitar que éste se convierta en un campo de oscuridad.

Una verdadera ceremonia, es un entrenamiento en la vida. Enseña a prestar atención y a estar despierto.

Sin atención no es posible hacer lo debido, en el momento preciso y en la medida exacta, ni combinar la exactitud con al gracia, la precisión con la espontaneidad, tal como lo exige el ritual.

Se aprende también que el contenido da valor a la forma, que, de otro modo, no tiene sentido.
Además se aprende a ser consciente de lo que uno es más que de lo que uno hace. Porque lo que uno es, es el contenido, y lo que uno hace es la forma.

Lo que una persona es sale de sí misma, incluso, si ella no dice, ni hace nada.
El silencio de un hombre santo tiene más valor que todo un tratado de palabras producido por un hombre insensato, irreflexivo.

La verdad es una luz que lo ilumina todo cuando brilla.

La ceremonia enseña que toda existencia es un templo.

El trabajo hecho por el ritual tiene que proyectarse hacia el exterior. La inspiración que se deriva tiene que irradiar en la vida, con el fin de que se pierda el sentido de lo externo, de lo sagrado y de lo profano y que el corazón sea santificado por la armonía.

( The American Theosophist, primavera 1977 )
El Amarna."

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